
25 de junio de 2026 · 6 min de lectura
Por Lara Petrella
Un día de comer en Begur
Begur es el tipo de lugar al que mando a quien quiere la Costa Brava en su versión más bonita y más sabrosa. Un pueblo medieval que corona la colina, un puñado de calas que son joyas justo debajo y un mercado a un paso en el que compro casi cada semana. Este es el día que yo te plantearía, montado entero alrededor de comer bien.
Por la mañana: el casco antiguo y el mercado
Empieza temprano, mientras las calles aún están frescas y tranquilas. Sube a las ruinas del castillo para ver toda la costa, luego pasea por el casco antiguo y mira hacia arriba, a las casas de los indianos, las mansiones que levantaron las familias que hicieron fortuna en Cuba y América y volvieron a casa para lucirlo. Un café en una placita es todo lo que necesitas antes de que llegue el calor.
Desde ahí yo haría los pocos minutos de coche hasta Palafrugell para ir al mercado. Aquí hago buena parte de mi propia compra: tomates que de verdad saben a algo, fruta de hueso madura, hierbas, y un pescadero que te puede decir qué ha entrado esa misma mañana. El cercano Palamós descarga algunas de las mejores gambas de España, la famosa gamba de Palamós, y si están en el mostrador, ellas deciden el menú. Recorrer un mercado así es la mejor forma de entender cómo comemos aquí.
Al mediodía: una cala y un baño largo
Hacia el mediodía el calor pide agua, y Begur tiene las calas más bonitas de este tramo de costa. Sa Riera es la más fácil con niños, todo encanto de barcas de pesca y entrada suave. Aiguablava es la postal, turquesa y transparente sobre arena clara. Sa Tuna se siente secreta y pausada, y la diminuta Fornells, justo pasado el cabo, es mi favorita para la tranquilidad. Elige una, hazte un sitio antes de comer y nada hasta quedar agradablemente cansado.
Mantén la comida ligera en un día así, un poco de pan con tomate, algo de fruta, una copa de blanco frío a la sombra. La comida de verdad espera a la noche, y no tiene sentido llegar a la mesa ya lleno. Un mediodía largo en el agua es el mejor apetito que conozco.
Por la noche: cena en tu villa con Lara
Aquí entro yo. Llego a última hora de la tarde con la compra del mercado de la mañana, lo desembalo en tu cocina y empiezo a cocinar mientras tú te quitas la sal y sirves la primera copa de vino del Empordà. No hay prisa ni carta que elegir en el momento, porque ya hemos dado forma a la velada en torno a lo que mejor pinta tenía en las paradas.
Imagina gamba de Palamós apenas pasada por la brasa, un arroz marinero cocinado con calma o un suquet de peix, verduras con buen aceite de oliva del Empordà, todo servido a tu ritmo en la terraza mientras la luz se vuelve suave. Cuando recojo el último plato, dejo la cocina tal y como la encontré, de modo que solo quedan la conversación, las vistas y una mesa llena y feliz. Eso, para mí, es un día de comer en Begur hecho como debe ser.
