
26 de junio de 2026 · 6 min de lectura
Por Lara Petrella
Qué hacer en Cadaqués
Cadaqués queda un poco aparte del resto de la Costa Brava, y ahí está justo su encanto. Se llega por una carretera larga y llena de curvas sobre la montaña, y entonces el pueblo blanco se abre sobre la bahía, todo postigos azules y esa luz que atrajo aquí a los pintores. Me encanta por el arte, por su cabo salvaje y por unas cuantas cosas muy suyas para comer.
El pueblo y Dalí
Deja el coche al borde y camina. Cadaqués está hecho para eso: callejones estrechos de casas blancas que suben hasta la iglesia en lo alto, barcas de pesca varadas sobre los cantos, y casi cada esquina enmarcando la bahía. Tómate un café con calma en el paseo marítimo y mira cómo cambia la luz sobre el agua, porque aquí la luz es lo que importa de verdad. Es de una claridad plateada poco común, y no es casualidad que se instalaran aquí los artistas.
Un paseo corto o un trayecto breve alrededor de la bahía te lleva a Portlligat, donde Salvador Dalí tuvo su casa. Su casa-museo, crecida a lo largo de los años a partir de una hilera de casetas de pescadores, es el momento culminante de cualquier visita, así que reserva con antelación, porque la entrada es con hora. De pie en su estudio, mirando la misma cala que pintó una y otra vez, entiendes hasta qué punto este rincón de la costa moldeó su mundo.
El Cap de Creus
Más allá del pueblo la tierra se vuelve salvaje. El Cap de Creus es un parque natural en el punto más oriental de la España peninsular, un lugar de roca desnuda retorcida por el viento en formas extrañas, matorral, calas escondidas y el mar azul intenso por todos lados. Conduce hasta el faro para la vista larga, o camina un tramo del sendero de la costa y deja que el vacío haga su efecto. Es uno de los paisajes más impresionantes que conozco en esta costa.
Ve temprano o quédate al atardecer, cuando la roca brilla cálida y la gente se va. Lleva agua, buen calzado y sombrero, porque ahí fuera hay poca sombra. Este cabo es también la razón de que el marisco sepa como sabe: el agua fría, limpia y movida por el viento da pescado y marisco con verdadero carácter, y ese carácter acaba en el plato.
Qué comer, y cena con Lara
Cadaqués tiene su propia lista, corta y preciosa, de cosas para comer. Las anchoas, primero: en salazón y plateadas, servidas sencillamente sobre pan con un hilo de aceite de oliva, no tienen nada que ver con las de lata. Luego los erizos de mar, espinosos e intimidantes, pero llenos de una riqueza dulce y salina que sabe a este mar exacto. Y el suquet de peix, el guiso de los pescadores de pescado, patata y un poco de caldo, ese tipo de plato sin pretensiones que podría comer eternamente.
Si te alojas cerca de Cadaqués, esta es justo la comida que me encanta llevar a tu villa. Compro las mejores anchoas y la pesca del día, luego cocino y sirvo la cena en tu terraza mientras ves caer uno de esos famosos atardeceres sobre la bahía. No eliges nada esa noche ni limpias nada después: llego con todo, cocino a tu propio ritmo y dejo la cocina como la encontré, de modo que la velada es enteramente tuya y de tus invitados.
