Private Chef Costa Brava
La cocina catalana: la guía de una chef privada

22 de junio de 2026 · 6 min de lectura

Por Lara Petrella

La cocina catalana: la guía de una chef privada

La cocina catalana se construye con unos pocos ingredientes muy buenos y la paciencia de dejar que sean ellos mismos. Tras años cocinando en la Costa Brava, esta es la lista breve que doy a los invitados que quieren entender lo que tienen en el plato. Aprende estos platos y un puñado de nombres, y podrás leer casi cualquier carta desde Girona hasta el mar.

Los platos que definen Cataluña

Empieza por los arroces y los guisos. La paella es la famosa, pero en esta costa te encontrarás más a menudo la fideuà, la misma idea cocinada con fideos cortos y tostados en vez de arroz, servida con una cucharada de allioli. Luego está el suquet de peix, el guiso marinero de pescado blanco y patata en un caldo ligado con almendra y ajo, el plato que te dice que estás junto al mar.

Los platos fríos importan igual en verano. La esqueixada es una ensalada de bacalao salado crudo desmigado con tomate, cebolla y aceitunas, fresca y con punto ácido. El pa amb tomàquet, pan untado con tomate maduro, ajo y aceite, es menos una receta que un reflejo, lo que llega antes que nada. Acaba con la crema catalana, una crema bajo una tapa de azúcar quemado, la prima de la crème brûlée que llegó primero.

De dónde viene el sabor

La buena cocina catalana es, sobre todo, buena compra. La gamba de Palamós es el tesoro local, una gamba roja intensa y dulce desembarcada en el puerto y con su precio acorde, mejor tratada de forma sencilla para que nada se le cruce. Detrás están los pilares callados: el vino del Empordà de los viñedos del interior, tintos honestos y también los blancos frescos que acompañan una comida larga, y el aceite de oliva local que remata casi cada plato.

Para verlo todo en un mismo sitio, ve a un mercado. Palafrugell tiene el suyo por la mañana y es la introducción fácil: pescado, fruta y queso bajo un mismo techo. La Bisbal d'Empordà, el pueblo de la cerámica del interior, celebra un mercado semanal más grande donde encuentras los mismos productos con algo más de espacio para pasear. Una hora en cualquiera de los dos enseña más que cualquier guía.

Del mercado a tu mesa

Cuando cocino para una villa, este es el camino que recorre la comida: el mercado de la mañana, una lista corta decidida por lo que mejor pinta, y un menú construido a su alrededor en vez de en su contra. Las gambas de Palamós se vuelven un plato propio, el pescado va a un suquet o a la brasa, y la botella del Empordà ya está abierta cuando el pa amb tomàquet llega a la mesa.

Puedes hacerlo todo tú mismo con una mañana de curiosidad, o dejárselo a alguien que recorre estos mercados cada semana. En cualquier caso, el principio se mantiene: en Cataluña la mejor comida rara vez es la más complicada, es la que respeta lo que el día te ha dado.

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